Miles de migrantes pasan la noche en la calle frente a La Farga de L’Hospitalet para iniciar los trámites de regularización

El primer día de funcionamiento de la oficina municipal habilitada en La Farga de L’Hospitalet para atender el proceso extraordinario de regularización de inmigrantes estuvo marcado por largas colas, vigilias nocturnas y una confusión generalizada sobre qué trámites se podían realizar allí. A las diez de la mañana, hora de apertura, el ayuntamiento calculaba que ya esperaban unas 3.000 personas. Al final del día, 1.942 habían podido obtener su documentación y otras 293 recibieron un volante de prioridad para ser atendidas el martes.
La oficina no tramita la regularización en sí, sino que emite los certificados de empadronamiento y los informes de vulnerabilidad necesarios como paso previo a la presentación definitiva de los papeles, que se realiza de forma telemática o en oficinas de Correos y la Seguridad Social. Ese detalle no quedó claro para muchos de los que hicieron cola. Cuando la megafonía avisó de que solo se atendería a personas empadronadas en L’Hospitalet, una parte importante de los presentes abandonó la fila. La teniente de alcaldía Laura García Manota advirtió que cada persona debe acudir al municipio donde está empadronada para evitar el colapso del sistema.
Edgar Hernández, barbero hondureño que llegó a España hace dos años, fue el primero en acceder a las instalaciones. Había llegado la noche anterior. «He dormido en el suelo», relató. «Hacia las tres de la mañana ha habido un grupo muy grande de gente que casi me pasa por encima. Nos hemos jugado la vida, pero valdrá la pena», dijo, esperando poder dejar de trabajar en negro. Juan, colombiano residente en España desde hace un año, también llegó el domingo por la noche. «Para no quedarnos fuera, llevamos unas 15 horas. Lo que queremos es trabajo», resumió.
No todos tenían información correcta sobre el proceso. Janie Keiko, peruana, llegó convencida de que en La Farga le darían directamente el certificado de regularización. Además, llegó desengañada de los abogados: tras pagar 200 euros a un letrado que luego la dejó a su suerte, decidió intentar el trámite por sus propios medios. Más positiva fue la experiencia de Suli Eneida Vargas, hondureña con tres años en España, que consiguió su informe de vulnerabilidad tras no haberlo logrado por servicios sociales, y que trabaja con un despacho de abogados que ya le tiene cita previa para entregar la documentación, por unos 400 euros de asesoría.
Entre los que salieron con sus papeles en mano estuvo Marco Vinícius, músico brasileño que lleva cerca de dos años en España tocando en el metro y dando clases. «Toco en el metro, doy clases, pero llega un momento en que necesitas estabilidad», explicó tras pasar la noche esperando desde las 23.00 horas. «Espero que esto sirva para que todo el mundo que quiere venir a este país a aportar pueda hacerlo tranquilamente», dijo al salir.
Kayi, nacido en Brazzaville y con diez años en Europa sin haber podido regularizarse antes, llegó a mediodía. Ha alternado trabajos de cuidado a mayores con empleos precarios en hostelería. Fue la trabajadora social del ayuntamiento quien le indicó esa misma mañana que acudiera a La Farga.
La oficina permanecerá abierta hasta el 30 de abril y prevé atender a unos 27.000 inmigrantes en situación irregular, que es el número estimado de personas sin papeles en la ciudad.



