Un hombre muere apuñalado en el barrio de La Florida de L’Hospitalet y los Mossos detienen al presunto autor en el lugar

Un hombre conocido en el barrio como Carlitos, de unos 40 años y originario de Ecuador, murió la noche del lunes apuñalado en la calle Bòbiles 90 de L’Hospitalet de Llobregat, cerca de la confluencia con la calle Pedraforca. Un vecino alertó al 112 tras la pelea y las patrullas de los Mossos, la Guardia Urbana y el SEM acudieron al lugar, donde no pudieron hacer nada por la vida del hombre, que presentaba varias heridas de arma blanca incompatibles con la vida. En el transcurso de la pelea resultó herida una tercera persona, trasladada a un hospital.
Los Mossos detuvieron al presunto homicida en el mismo lugar de los hechos. Víctima y sospechoso se conocían y ambos tenían antecedentes policiales. Los investigadores descartaron con rotundidad cualquier vinculación con bandas juveniles violentas o pandillas latinas, señalando que ni la víctima ni el detenido responden a ese perfil. El grupo de homicidios de la región policial metropolitana sur continúa investigando las circunstancias que desencadenaron la pelea.
Este martes, un altar improvisado con flores, velas, cervezas y cartones de vino se había formado frente al número 90 de la calle Bòbiles, donde los allegados del fallecido se congregaron para recordarle entre sollozos.
El crimen se produce en La Florida, uno de los barrios con mayor densidad de población de Europa, enclavado en el Samontà, la zona norte de L’Hospitalet. El barrio arrastra problemas estructurales de inseguridad, carencia de servicios públicos en sanidad, educación y vivienda, y una pobreza que condiciona el día a día de sus habitantes. Locales comerciales cerrados reconvertidos en infraviviendas masificadas o narcolocales son una presencia habitual en la zona. El plan policial Nautilus, impulsado conjuntamente por la Guardia Urbana, los Mossos y varios servicios municipales, ha logrado cerrar una cuarentena de narcolocales en los últimos meses, mientras el plan Bastió ha conseguido cierta mejora en los datos de seguridad, aunque el hartazgo vecinal sigue muy arraigado. «Ya no nos sorprenden estas cosas», resume con resignación una comerciante del barrio.



