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Divorcios en Terrassa: Verum Advocats explica qué errores conviene evitar antes de dar el paso

Separarse no es solo una decisión personal. Cuando un matrimonio decide iniciar un proceso de divorcio, también entran en juego cuestiones económicas, familiares, patrimoniales y, en muchos casos, decisiones relacionadas con los hijos. Laura Dubà y Andrea Lázaro, socias fundadoras de Verum Advocats, recuerdan que recibir asesoramiento de abogadas de divorcios en Terrassa antes de dar determinados pasos puede evitar conflictos posteriores y ayudar a afrontar el proceso con mayor seguridad jurídica.
Desde el despacho señalan que muchas personas buscan orientación cuando la decisión ya está tomada, pero no siempre antes de actuar. Abandonar la vivienda familiar, pactar gastos de palabra, modificar rutinas familiares o aceptar determinadas condiciones sin asesoramiento puede generar consecuencias difíciles de corregir posteriormente.
“En una primera consulta no solo analizamos qué quiere hacer la persona, sino también qué pasos ha dado ya y cómo pueden afectar al proceso”, explica Laura Dubà, socia fundadora de Verum Advocats.
La abogada recuerda que cada caso familiar tiene sus propias circunstancias. No es lo mismo una separación de mutuo acuerdo que una ruptura con hijos menores, vivienda en común, hipoteca, empresa familiar o una relación especialmente deteriorada entre las partes.
Uno de los errores frecuentes es confiar en que un pacto hablado será respetado indefinidamente. Acuerdos sobre el pago de gastos familiares y/o de los hijos en común, el uso de la vivienda, la custodia, las estancias con los hijos o la contribución económica de cada progenitor deberían quedar correctamente definidos para evitar malentendidos futuros.
“Que las partes quieran llegar a un acuerdo es una buena noticia, pero ese acuerdo debe estar bien planteado. Lo importante es que sea claro, viable y que no deje aspectos esenciales sin regular”, señala Andrea Lázaro.
Un acuerdo amistoso puede ser una buena base, pero necesita estructura jurídica. De lo contrario, lo que empieza como una solución sencilla puede acabar generando nuevos desacuerdos si cambia la situación económica, aparece una nueva pareja, cambia la relación entre las partes o una de ellas deja de cumplir lo pactado.
Preparar esta información desde el inicio permite trabajar con más claridad y evitar retrasos. También ayuda a valorar qué medidas pueden solicitarse y qué acuerdos son realmente viables.
Entre la documentación que puede ser útil se encuentran nóminas, declaraciones de la renta, recibos de hipoteca o alquiler, justificantes de gastos escolares, seguros, préstamos, escrituras, movimientos bancarios y cualquier otro documento que permita entender la realidad económica de la unidad familiar.
“Muchas veces la persona llega con una idea general de lo que necesita, pero sin documentación suficiente para valorar el escenario completo. Ordenar esa información desde el principio ayuda mucho”, apunta Laura Dubà.
Un divorcio no debería plantearse como una carrera ni como una batalla. El objetivo debe ser alcanzar una solución legalmente sólida, realista y adaptada a la situación familiar. Esto es especialmente importante cuando hay hijos menores, ya que las decisiones adoptadas pueden afectar a su día a día durante años.
Desde Verum Advocats recuerdan que cerrar un divorcio rápido puede parecer una buena opción en un momento de desgaste, pero si el acuerdo no está bien planteado, el conflicto puede reaparecer más adelante en forma de incumplimientos, desacuerdos o nuevas reclamaciones.
Uno de los errores más delicados es utilizar a los hijos como parte del conflicto o tomar decisiones unilaterales sin valorar cómo pueden afectarles. También puede generar problemas no definir correctamente cómo se organizará la vida cotidiana después de la separación.
“En los procedimientos con hijos, la prioridad debe ser construir una organización familiar que pueda sostenerse en el tiempo. No se trata solo de repartir días, sino de prever cómo será el día a día después de la ruptura”, explica Andrea Lázaro.
Desde el despacho recuerdan que cada familia necesita una solución adaptada a su realidad. No es lo mismo una custodia compartida con buena comunicación entre progenitores que una situación en la que existen horarios incompatibles, distancia entre domicilios o una relación especialmente deteriorada y conflictiva.
Tomar una decisión precipitada sobre la vivienda puede tener consecuencias importantes. Por eso, antes de abandonar asesorarse con abogados especializados en derecho de familia para analizar el contexto familiar, económico y jurídico.
En muchos procedimientos, la vivienda no se valora de forma aislada, sino en relación con otros elementos: hijos menores, capacidad económica de cada parte, titularidad del inmueble, cargas existentes y medidas que puedan acordarse dentro del proceso.
“Antes de tomar una decisión sobre la vivienda familiar conviene revisar detalladamente la situación: quién es titular, qué cargas existen, quién puede asumir los gastos y cómo afecta todo ello a las medidas familiares”, indica Laura Dubà.
Mantener una comunicación prudente no significa ceder en todo, sino evitar que el conflicto escale innecesariamente. En procesos de divorcio, especialmente cuando hay hijos, la forma de comunicarse puede influir en la posibilidad de alcanzar acuerdos y reducir la tensión.
Desde Verum Advocats recomiendan evitar amenazas, reproches continuos o mensajes escritos en momentos de alta carga emocional. En caso de conflicto, es preferible actuar con estrategia, prudencia y asesoramiento.
Un buen asesoramiento permite conocer derechos, obligaciones, posibles escenarios y alternativas. También ayuda a diferenciar entre lo que una persona desea, lo que puede reclamar y lo que resulta más conveniente según las circunstancias concretas.
“El asesoramiento previo no busca aumentar el conflicto, sino prevenirlo. Muchas veces, saber qué puede ocurrir permite tomar mejores decisiones y negociar con más serenidad”, señala Andrea Lázaro.
Por eso, desde Verum Advocats insisten en la necesidad de no copiar soluciones de otros casos ni dejarse llevar por consejos generales. Lo que funcionó para una familia puede no ser adecuado para otra.
El divorcio implica cerrar una etapa, pero también planificar la siguiente. Hacerlo con información, documentación y acompañamiento profesional puede marcar la diferencia entre un proceso gestionado con claridad y una situación que se alarga por decisiones mal planteadas desde el principio.
Para quienes estén valorando separarse, el mensaje del despacho es claro: antes de dar el paso, conviene entender bien las consecuencias, preparar la documentación y recibir orientación especializada para tomar decisiones con seguridad que ayuden a restructurar la nueva unidad familiar.
Desde el despacho señalan que muchas personas buscan orientación cuando la decisión ya está tomada, pero no siempre antes de actuar. Abandonar la vivienda familiar, pactar gastos de palabra, modificar rutinas familiares o aceptar determinadas condiciones sin asesoramiento puede generar consecuencias difíciles de corregir posteriormente.
Tomar decisiones precipitadas antes de conocer las consecuencias
Uno de los errores más habituales antes de iniciar un divorcio es actuar desde la urgencia emocional que surge en el momento. Es comprensible que una separación genere cansancio, tensión o necesidad de resolver la situación cuanto antes, pero algunas decisiones tomadas con rapidez pueden condicionar el desarrollo posterior del procedimiento.“En una primera consulta no solo analizamos qué quiere hacer la persona, sino también qué pasos ha dado ya y cómo pueden afectar al proceso”, explica Laura Dubà, socia fundadora de Verum Advocats.
La abogada recuerda que cada caso familiar tiene sus propias circunstancias. No es lo mismo una separación de mutuo acuerdo que una ruptura con hijos menores, vivienda en común, hipoteca, empresa familiar o una relación especialmente deteriorada entre las partes.
Creer que un acuerdo verbal es suficiente
En muchas separaciones existe una voluntad inicial de evitar el conflicto. Esta predisposición puede ser positiva, especialmente cuando hay hijos, pero no significa que cualquier acuerdo entre las partes sea suficiente.Uno de los errores frecuentes es confiar en que un pacto hablado será respetado indefinidamente. Acuerdos sobre el pago de gastos familiares y/o de los hijos en común, el uso de la vivienda, la custodia, las estancias con los hijos o la contribución económica de cada progenitor deberían quedar correctamente definidos para evitar malentendidos futuros.
“Que las partes quieran llegar a un acuerdo es una buena noticia, pero ese acuerdo debe estar bien planteado. Lo importante es que sea claro, viable y que no deje aspectos esenciales sin regular”, señala Andrea Lázaro.
Un acuerdo amistoso puede ser una buena base, pero necesita estructura jurídica. De lo contrario, lo que empieza como una solución sencilla puede acabar generando nuevos desacuerdos si cambia la situación económica, aparece una nueva pareja, cambia la relación entre las partes o una de ellas deja de cumplir lo pactado.
No preparar la documentación necesaria
Otro aspecto que suele infravalorarse es la documentación. En un divorcio no basta con explicar la situación personal: también es necesario acreditar ingresos, gastos, cargas familiares, hipotecas, alquileres, préstamos, bienes comunes, cuentas bancarias o gastos ordinarios y extraordinarios de los hijos.Preparar esta información desde el inicio permite trabajar con más claridad y evitar retrasos. También ayuda a valorar qué medidas pueden solicitarse y qué acuerdos son realmente viables.
Entre la documentación que puede ser útil se encuentran nóminas, declaraciones de la renta, recibos de hipoteca o alquiler, justificantes de gastos escolares, seguros, préstamos, escrituras, movimientos bancarios y cualquier otro documento que permita entender la realidad económica de la unidad familiar.
“Muchas veces la persona llega con una idea general de lo que necesita, pero sin documentación suficiente para valorar el escenario completo. Ordenar esa información desde el principio ayuda mucho”, apunta Laura Dubà.
Confundir rapidez con una buena solución
En algunos casos, una persona acepta condiciones que no le benefician solo para terminar cuanto antes. En otros, se rechaza cualquier propuesta razonable por desconfianza o enfado. Ambos extremos pueden ser problemáticos.Un divorcio no debería plantearse como una carrera ni como una batalla. El objetivo debe ser alcanzar una solución legalmente sólida, realista y adaptada a la situación familiar. Esto es especialmente importante cuando hay hijos menores, ya que las decisiones adoptadas pueden afectar a su día a día durante años.
Desde Verum Advocats recuerdan que cerrar un divorcio rápido puede parecer una buena opción en un momento de desgaste, pero si el acuerdo no está bien planteado, el conflicto puede reaparecer más adelante en forma de incumplimientos, desacuerdos o nuevas reclamaciones.
Olvidar el impacto sobre los hijos
Cuando hay hijos, el divorcio debe plantearse teniendo en cuenta otras cuestiones distintas a los deseos personales de cada uno de los progenitores. Las decisiones sobre custodia, régimen de estancias, vacaciones, comunicación, gastos escolares, actividades extraescolares o pensión de alimentos deben tomarse siempre pensando en la estabilidad y las necesidades de los menores.Uno de los errores más delicados es utilizar a los hijos como parte del conflicto o tomar decisiones unilaterales sin valorar cómo pueden afectarles. También puede generar problemas no definir correctamente cómo se organizará la vida cotidiana después de la separación.
“En los procedimientos con hijos, la prioridad debe ser construir una organización familiar que pueda sostenerse en el tiempo. No se trata solo de repartir días, sino de prever cómo será el día a día después de la ruptura”, explica Andrea Lázaro.
Desde el despacho recuerdan que cada familia necesita una solución adaptada a su realidad. No es lo mismo una custodia compartida con buena comunicación entre progenitores que una situación en la que existen horarios incompatibles, distancia entre domicilios o una relación especialmente deteriorada y conflictiva.
No valorar correctamente la vivienda familiar
La vivienda suele ser uno de los puntos más sensibles en cualquier divorcio. Quién permanece en el domicilio, qué ocurre si existe una hipoteca, cómo se pagan los gastos o qué sucede si la vivienda es propiedad de uno solo de los cónyuges son cuestiones que conviene estudiar y decidir con detenimiento.Tomar una decisión precipitada sobre la vivienda puede tener consecuencias importantes. Por eso, antes de abandonar asesorarse con abogados especializados en derecho de familia para analizar el contexto familiar, económico y jurídico.
En muchos procedimientos, la vivienda no se valora de forma aislada, sino en relación con otros elementos: hijos menores, capacidad económica de cada parte, titularidad del inmueble, cargas existentes y medidas que puedan acordarse dentro del proceso.
“Antes de tomar una decisión sobre la vivienda familiar conviene revisar detalladamente la situación: quién es titular, qué cargas existen, quién puede asumir los gastos y cómo afecta todo ello a las medidas familiares”, indica Laura Dubà.
Comunicarse de forma impulsiva durante el conflicto
Los mensajes de WhatsApp, correos electrónicos, audios o publicaciones en redes sociales también pueden acabar teniendo relevancia en un conflicto familiar. Por eso, otro error habitual es comunicarse desde el enfado o dejar por escrito afirmaciones que después pueden perjudicar la posición de una de las partes.Mantener una comunicación prudente no significa ceder en todo, sino evitar que el conflicto escale innecesariamente. En procesos de divorcio, especialmente cuando hay hijos, la forma de comunicarse puede influir en la posibilidad de alcanzar acuerdos y reducir la tensión.
Desde Verum Advocats recomiendan evitar amenazas, reproches continuos o mensajes escritos en momentos de alta carga emocional. En caso de conflicto, es preferible actuar con estrategia, prudencia y asesoramiento.
Esperar demasiado para pedir asesoramiento
Uno de los consejos principales de las abogadas es no esperar a que el conflicto esté desbordado. Pedir orientación legal al inicio no implica necesariamente judicializar la situación ni romper cualquier posibilidad de acuerdo. Al contrario, puede ayudar el proceso y evitar pasos en falso.Un buen asesoramiento permite conocer derechos, obligaciones, posibles escenarios y alternativas. También ayuda a diferenciar entre lo que una persona desea, lo que puede reclamar y lo que resulta más conveniente según las circunstancias concretas.
“El asesoramiento previo no busca aumentar el conflicto, sino prevenirlo. Muchas veces, saber qué puede ocurrir permite tomar mejores decisiones y negociar con más serenidad”, señala Andrea Lázaro.
La importancia de afrontar el divorcio con información y estrategia
Cada divorcio es diferente ya que nos podemos encontrar familias con hijos, sin hijos, con patrimonio en común, empresas familiares e incluso con mascota. Ello puede conllevar que los cónyuges lleguen a un acuerdo y lo plasmen en un convenio regulador o bien, que por desacuerdo o discrepancias entre ellos tengamos que acudir, finalmente, a la vía judicial.Por eso, desde Verum Advocats insisten en la necesidad de no copiar soluciones de otros casos ni dejarse llevar por consejos generales. Lo que funcionó para una familia puede no ser adecuado para otra.
El divorcio implica cerrar una etapa, pero también planificar la siguiente. Hacerlo con información, documentación y acompañamiento profesional puede marcar la diferencia entre un proceso gestionado con claridad y una situación que se alarga por decisiones mal planteadas desde el principio.
Para quienes estén valorando separarse, el mensaje del despacho es claro: antes de dar el paso, conviene entender bien las consecuencias, preparar la documentación y recibir orientación especializada para tomar decisiones con seguridad que ayuden a restructurar la nueva unidad familiar.



