Barcelona invertirá 10 millones para ensanchar aceras y calmar el tráfico en el entorno de la Sagrada Família

El Ayuntamiento de Barcelona prepara una transformación a gran escala del espacio público que rodea a la Sagrada Família. Con una inversión estimada de 10 millones de euros, el consistorio quiere ampliar aceras, mejorar la seguridad peatonal y reducir el impacto del tráfico en uno de los puntos más saturados de la ciudad, coincidiendo con la recta final de las obras del templo.
El plan municipal llega en un momento clave: en los próximos meses se culminará la torre de Jesús, la más alta de la basílica, y se intensifica el debate sobre cómo resolver el acceso principal por la fachada de la Gloria. Esta cuestión, que incluye la controvertida escalinata proyectada sobre la calle Mallorca y que podría afectar a varias manzanas del Eixample, sigue abierta y condiciona parte de las decisiones urbanísticas.
Un proyecto en varias fases
La reordenación abarcará unas 30.000 metros cuadrados y afectará a la avenida Gaudí y a las calles Marina, Provença, Lepant, Sardenya, Sicília y Mallorca. El proyecto se desarrollará por etapas y ya tiene una primera actuación en marcha desde septiembre, con un presupuesto de 2,45 millones de euros.
Esta fase inicial consolidará la peatonalización definitiva del frente de la fachada del Nacimiento. La calle Marina dejará de funcionar como una calzada cerrada con vallas —como ocurre desde 2018— y pasará a integrarse plenamente en la plaza Gaudí, extendiendo el espacio peatonal hasta los pies del templo. Las obras incluyen elementos de protección frente a posibles atentados, una exigencia que se mantiene desde los ataques de 2017.
Las siguientes fases, que concentran la mayor parte del presupuesto restante, profundizarán en la pacificación del entorno inmediato.
¿Vuelta parcial de los coches?
Una de las novedades más relevantes es que el Ayuntamiento no descarta reabrir parcialmente al tráfico algunos tramos cerrados por razones de seguridad en los últimos años. En concreto, se estudia permitir la circulación por un solo carril en el tramo de la calle Provença entre Marina y Sardenya, actualmente bloqueado con maceteros y mobiliario urbano.
También se plantea consolidar el paso de vehículos por la calle Marina entre València y Mallorca, aunque siempre con circulación muy limitada, coexistiendo con el carril bici y priorizando el espacio peatonal. Desde el consistorio subrayan que estas decisiones aún están en fase de estudio y se definirán durante la redacción final de los proyectos técnicos.
Aceras más anchas y menos velocidad
El objetivo principal de la intervención es claro: ganar espacio para los peatones en un entorno que soporta una presión extraordinaria. En algunos cruces, como los de Provença con Marina y la avenida Gaudí, se prevé ampliar aceras “al máximo” y rediseñar los chaflanes para facilitar el paso y reducir conflictos entre vecinos y visitantes.
En Provença, la propuesta técnica contempla una calzada reducida a cinco metros, con un carril para vehículos y bicicletas en un sentido y un carril bici en el contrario. Para frenar la velocidad, se introducirán isletas en los pasos de peatones, que en varios casos dejarán de estar semaforizados. Soluciones similares se estudiarán en otros puntos del entorno.
Un turismo difícil de encajar
Los informes municipales reconocen abiertamente el problema de fondo: entre 18 y 22 millones de personas transitan cada año por los alrededores de la Sagrada Família sin acceder al interior del templo. Esta afluencia masiva genera situaciones de colapso, ocupación intensiva del espacio público y tensiones constantes con el uso cotidiano del barrio.
“El tránsito es caótico y desordenado”, admiten los documentos técnicos, que señalan la dificultad de compatibilizar el flujo turístico con la vida vecinal y la actividad comercial. La ampliación de aceras y la reducción del tráfico buscan precisamente aliviar esa presión y ordenar un espacio que hoy resulta insuficiente para absorberla.
A la espera del gran debate final
Mientras avanzan las obras urbanas, el Ayuntamiento y la junta constructora del templo siguen negociando la resolución del acceso por la fachada de la Gloria. La decisión sobre la escalinata marcará definitivamente la configuración del entorno y tendrá un impacto social de gran alcance.
Hasta entonces, Barcelona opta por actuar allí donde sí hay margen: ensanchar aceras, pacificar calles y devolver protagonismo al peatón alrededor de su monumento más visitado. Una inversión millonaria para intentar reconciliar patrimonio, turismo y vida de barrio en uno de los puntos más complejos de la ciudad.



